En Cortafuego, la nueva película de David Victori que ya está disponible en Netflix, Belén Cuesta da vida a Mara, una mujer que tiene que afrontar la pérdida de su hija Lide en medio de un incendio y con su propia vida reduciéndose a escombros ante sus propios ojos. Acaba de perder a su marido y se encuentra inmersa en el desmantelamiento de una casa familiar a la que ahora acechan las llamas. Vuelve así la actriz sevillana a un papel protagonista y se encuentra en el camino con Enric Auquer, Joaquín Furriel o Diana Gómez en este thriller que indaga en la moralidad de quienes se ven superados por una situación descontrolada.
“Vivo este estreno con mucha ilusión y muy bien. Me lo he pasado muy bien en esta peli. Ha sido un rodaje divertido y bonito”, explica la actriz sobre este nuevo proyecto. “Ha sido un rodaje muy poco al uso y eso se agradece. El género, que no es algo que haya hecho mucho, el elenco y la forma de trabajar de David fueron clave a la hora de decir sí al proyecto. Tiene algo de teatral a la hora de dirigir, nada de plano y contraplano”.
Cortafuego se ambienta en un enclave natural idílico y en unas casas gemelas en las que se desarrolla la acción. En una vive la familia de Mara; en otra, un guardabosques solitario y excéntrico al que encarna Auquer. Pero no, que nadie se lleve a engaño, nada de eso existe. “El set en este caso era muy grande porque han construído dos casas y el bosque alrededor para que pudiéramos movernos. Hemos rodado una escena y a las dos semanas volver a hacerla, que es algo que no suele pasar. Te da para probar. Estoy muy agradecida y he aprendido mucho de David”, cuenta Belén Cuesta.
Ahonda la película en esa respuesta que se daría ante una situación límite. Los principios de la protagonista quedan apartados en pos de encontrar a esa hija, lo único que queda de su familia. “La moralidad no es algo en lo que uno se detenga cuando se está en una situación de dolor, estrés o peligro. Se ponen sobre la mesa emociones muy diferentes y eso es lo que le pasa a Mara”, reflexiona. “Llega con un dolor terrible y un enfado tremendo porque está en medio de un duelo. Está tan enfadada que ha dejado de mirar a su hija. En el momento en el que desaparece la niña llega el miedo horrible y en cierto modo la culpa”, continúa. “El fuego que se desata hace que todo sea mucho más intenso. No sé dónde queda la moral, creo que más bien se sostiene todo en algo prácticamente animal”.
Hay lugar en el filme para los psicotrópicos como elemento que ese guardabosques utiliza para ayudar a los demás a abrirse a la vida en los momentos duros. En momentos en los que los rituales con todo tipo de drogas de origen natural parecen estar a la orden del día, ¿dónde se sitúa Belén Cuesta respecto a esta corriente? “Soy más científica que otra cosa, creo en la medicina porque me parece un milagro. Dicho esto, creo que cuidarse y generarse autobienestar ayuda a como tú estés absolutamente. Soy una persona con brotes de dermatitis y sé que el cuerpo psicomatiza. Creo en una alimentación y en todo lo que sea tomarse un momento, en yoga o donde sea”.
