En el desfile de alta costura de primavera-verano 2026 de Chanel, el director creativo Matthieu Blazy se centró en la riqueza de la confección y los apliques, que cobran protagonismo sobre tejidos ultraligeros, incluso en la sastrería.
El debut de Matthieu Blazy en Chanel el pasado septiembre, el director creativo confirmó lo que ya sabíamos tras haberle visto en acción en Bottega Veneta, donde supo sacar el máximo partido al savoir faire de la casa a través de los materiales. Allí experimentó con soluciones novedosas en tejidos y pieles, a veces incluso difíciles de descifrar a primera vista, y por ello aún más sorprendentes. Imaginamos entonces cómo daría forma a la materia prima por excelencia de Chanel, el tweed. Y, efectivamente, la creatividad se apoderó de la pasarela, extendiéndose también a otros materiales. Ahora, para Blazy llegó la prueba más importante, pero no la más difícil dadas sus habilidades. El desfile de alta costura de primavera-verano 2026 de Chanel fue para Matthieu Blazy simplemente su consagración. El lugar donde pudo sacar a relucir al máximo sus dotes creativas y su profundo conocimiento de los materiales. Y como, después de todo –ya lo sabemos–, a Blazy no le gustan nada las cosas previsibles, esta vez no partió de tejidos pesados y estructurados: su viaje creativo comenzó con el concepto de “aligeramiento”, todo ello puesto en escena en un bosque encantado.
Localización del desfile de alta costura de primavera-verano 2026 de Chanel.
Todos los detalles del desfile de alta costura de primavera-verano 2026 de Chanel
Entre ligereza, materia y decoración exquisita
En la pasarela, los protagonistas fueron, ante todo, los tejidos etéreos, utilizados en vestidos ondulantes, pero también en trajes de tres piezas, compuestos de chaqueta, blusa y falda o pantalón. El desfile arrancó con tonos nude y transparencias. Primero con escasas decoraciones que iluminaban sutilmente las siluetas, después con una elaboración cada vez más importante: bordados complejos y aplicaciones preciosas que tomaban forma de mosaicos, casi como obras de arte andantes. La ligereza del material fue, pues, un catalizador de elegancia, pero también un lienzo sobre el que pintar: es el punto de partida para dar el máximo relieve a la elaboración con la gran maestría artesanal de la tradición Chanel. En este proceso, los colores son muy importantes. Blazy los utiliza estratégicamente, centrándose en los contrastes de, por ejemplo, el naranja intenso de las medias. A partir de aquí, también juega con los contrastes de tejidos, que se materializan a la perfección en el clásico traje de Chanel, pero compuesto ahora por una americana opaca y una falda transparente. Y es precisamente en estos conjuntos icónicos donde la materia se vuelve progresivamente más estructurada, trabajada, convirtiéndose en objeto de experimentación y adoptando formas inesperadas.
