Casi el 50% de la población española se ha sometido a algún tipo de tratamiento de medicina estética, según la SEME (Sociedad Española de Medicina Estética), y entre los más buscados está el ácido hialurónico. Durante años se vendió la idea de que … se reabsorbía completamente lo que, unido a su gran versatilidad (suaviza arrugas, mejora la calidad de la piel, aumenta el volumen de los labios, combate la flacidez), lo convirtió, junto a los neuromoduladores (el popular bótox) en los protocolos estrella de las consultas de estética. Sin embargo, últimamente, la irrupción de nuevos tratamientos, y los resultados poco naturales con caras muy hinchadas, han provocado muchas dudas sobre esta sustancia.
La doctora Andrea Marroquín, médico estético de Clínica Menorca, cuenta que «el ácido hialurónico está presente de forma natural en nuestro cuerpo, especialmente en la piel y las articulaciones. Con el tiempo, las células pierden la capacidad de producirlo y no solo se pierde volumen, sino también luminosidad, elasticidad y firmeza, la piel se vuelve más seca y fina y aparecen las arrugas. Esta sustancia tiene una capacidad única: puede retener hasta 1.000 veces su peso en agua. Esto le permite mejorar la elasticidad de la piel, atenuar líneas finas, potenciar la producción de colágeno, y aportar un aspecto más terso y luminoso».
Al estar presente de forma natural en el organismo, en general, no provoca rechazo, por lo que se le ha considerado seguro, frente a otros tratamientos. Además, es el único que cuenta con un antídoto, como explica la doctora Inés Lipperheide, médico estético de DEMYA Martín del Yerro I Amselem, «la hialuronidasa es una enzima que tenemos de manera natural en el cuerpo, en el caso de querer revertir el efecto del ácido hialurónico, la podemos inyectar y en pocos días, notar la mejoría».
Sin embargo, la doctora Carmen Górriz, subdirectora del área de medicina estética de IMR, aclara que la efectividad de la hialuronidasa depende de varios factores: «la calidad del producto: algunos tienen mayor reticulación y son más difíciles de disolver o metabolizar; el tiempo transcurrido desde la infiltración: los productos más antiguos pueden requerir dosis adicionales; y en ocasiones, pueden quedar trazas mínimas de producto en el tejido, que, generalmente, no son visibles ni problemáticas».
El ácido hialurónico es el único tratamiento estético que tiene un antídoto: la hialuronidasa
Sus usos en medicina estética
El ácido hilurónico es una de las sustancias más versátiles en medicina estética y sus usos son variados. Según la doctora Carmen Galera, dermatóloga de GEDET (Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica) y directora de Derma For You, se utiliza «para recuperar el volumen perdido con la edad en zonas que tienden a hundirse, como los pómulos y la zona bajo el pómulo; como material de relleno es útil para suavizar surcos y arrugas, así como aumentar el volumen de los labios; aporta hidratación a la piel; ayuda a redefinir el contorno facial, especialmente en la línea de la mandíbula y la nariz, proporcionando mayor firmeza y equilibrio; y algunos tipos de ácido hialurónico mejoran la calidad de la piel proporcionando un efecto tensor».
Es importante saber que no todos los ácidos hialurónicos son iguales. A grandes rasgos existen dos tipos: reticulado y no reticulado. El primero, más denso, se utiliza en tratamientos de relleno, mientras que el segundo, más ligero, sirve para hidratar y mejorar la calidad de la piel. El uso de uno u otro depende del objetivo del tratamiento y debe ser el médico el que, bajo su criterio, elija el más adecuado para cada paciente. Además, en el mercado hay decenas de marcas y laboratorios, algunos de dudosa procedencia. Por eso es esencial ponerse en manos de un profesional cualificado, cabe recordar que en España el ácido hialurónico solo puede ser inyectado por un médico titulado (dermatólogo, médico estético, cirujano u odontólogo), en un centro sanitario homologado. Además, el paciente tiene derecho a saber qué producto ha utilizado el médico, y este debe contar con el marcado CE.
La temida huella estética
Hace algunos años se empezó a hablar de la huella estética del ácido hialurónico como algo negativo, al no reabsorberse por completo el producto, y dar lugar a las llamadas ‘pillow face’, caras con demasiado relleno, y resultados poco naturales. La doctora Marroquín cree que «siempre queda huella estética, el objetivo es que sea buena. A veces puede ser mala, por diversos factores: exceso de producto, técnica inadecuada, -colocar ácido hialurónico en planos incorrectos, puede generar fibrosis o irregularidades. O la mala elección, elegir un producto de baja calidad o no adecuado para la zona a tratar puede generar efectos adversos».
De nuevo, la profesionalidad del médico es importante, porque debe guiar al paciente en cuanto a los tiempos de espera para repetir el tratamiento, ya que los resultados son temporales y su duración varía según factores como la edad, el propio metabolismo, o el lugar donde se ha inyectado. La falta de control del paciente es, según la doctora Galera, otro de los problemas que han puesto al ácido hialurónico en tela de juicio. «Sin un seguimiento adecuado con fotografías comparativas, tanto el médico como el paciente pueden no darse cuenta de que el rostro está perdiendo su armonía y adquiriendo un aspecto más hinchado. Este tipo de alteración puede considerarse una huella estética negativa, ya que desvirtúa las proporciones naturales del rostro».
La doctora Beatriz Beltrán, experta en medicina estética y fundadora de la clínica homónima, concluye que «el ácido hialurónico no es el problema, el problema es el abuso. Si lo utilizamos correctamente en los puntos adecuados, no migra, no deforma y no envejece el rostro, al contrario puede ayudar a mantener la calidad de los tejidos y retrasar tratamientos más invasivos. Cuando se emplea sin criterio, en exceso o con objetivos equivocados, es lógico que se genere rechazo. Pero bien indicado, en dosis adecuadas y con un enfoque global del rostro, sigue siendo una herramienta segura y eficaz».
