“El pasado 19 de diciembre cumplimos siete años y si me lo hubiesen dicho una semana antes de abrir, no me lo habría creído. Aún recuerdo esa primera Navidad sola en la cocina cuando me ilusionaba cada vez que oía el ruido de la cafetera porque significaba que había entrado un cliente”. Así comienza la presentación, escrita en primera persona por Ana Martínez Arce, del libro que firma con su hermana Elena y que recopila las recetas e historias de un enclave que, en menos de una década, se ha convertido en uno de los lugares de encuentro del madrileño barrio de Justicia.
La dupla define aquella aventura como “una mezcla entre un brote de inconsciencia y un acto de fe”. Ninguna de ellas tenía experiencia en el gremio hostelero ni el sector empresarial, pero tenían claro que querían dar la bienvenida a un proyecto gastronómico donde cada cliente se sintiera como en casa. Hermanas Arce –así bautizaron el negocio familiar– no es un restaurante ni una cafetería; abrió sus puertas en una calle por la que prácticamente no pasaba nadie y, pese a todas sus lagunas, se convirtió en una apuesta exitosa: una suerte de cantina donde ofrecen una carta de desayunos y comidas que ponen la cocina mediterránea en el centro. “Hermanas Arce ha ido creciendo: cada vez nos conoce más gente, la carta (aunque todavía sigue siendo corta) ha aumentado, hemos hecho caterings y organizamos colaboraciones con otros cocineros. El espíritu y la intención prevalecen, pero hemos ido aprendiendo, evolucionando y sumando (o eso intentamos)”, cuentan con orgullo.
En esta carrera de fondo, Hermanas Arce abre un nuevo capítulo en su historia, esta vez, en forma de libro. El dúo firma uno de los últimos lanzamientos gastronómicos de Libros Cúpula: un recetario ultraestético con algunos de los platos más emblemáticos de la cantina. El recopilatorio es la respuesta a un anhelo que Elena –responsable de la mayoría de elaboraciones que se sirven a diario en el local– tenía desde pequeña. “Suena contradictorio decir que siempre he querido hacer un libro de cocina aunque me cuesta escribir recetas, pero es así. Cuando cocino no me gusta ir pensando cuánto añado de cada ingrediente, contando el tiempo que pasa algo en el horno y calibrando cuánto aceite añado a un plato”, confiesa en las páginas del volumen.
