Emily Ratajkowski y el abrigo afgano o ‘Penny Lane’: todo lo que habla el ‘look’ de su ciudad
Hay ciudades que dictan moda y otras que la ponen a prueba. Nueva York pertenece al segundo grupo. Aquí, la ropa no puede ser ingenua: necesita intención, memoria y actitud y Emily Ratajkowski lo entiende perfectamente. La modelo y podcaster lo traduce con precisión en un abrigo afgano de efecto piel que no actúa como abrigo, sino como un claro statement y una respuesta estética al lugar que habita.
Desde los años setenta, el abrigo afgano ha estado ligado a la contracultura, al viaje, al desarraigo voluntario y a una feminidad que rechazaba la rigidez. En Nueva York –no te pierdas la guía secreta de la ciudad que nunca duerme de la editora de compras de Vogue, Mayte Salido–, esa prenda encontró un territorio fértil: una ciudad construida por capas, migraciones y contradicciones. Llevar hoy un abrigo de este tipo no es solo una referencia vintage, sino una forma de activar esa memoria colectiva ya que este tipo de prenda ha sido llevada por figuras como Jane Birkin, mujeres que hicieron del desorden aparente un gesto de estilo. Nueva York ha sido siempre el escenario perfecto para este tipo de looks.
En manos de Emily Ratajkowski, el abrigo pierde cualquier connotación literal para convertirse en una pieza de reinterpretada. El efecto piel y el pelo en las mangas y el cuello aporta volumen y textura, mientras que su silueta envolvente dialoga con una idea de comodidad elevada. Las botas, por su parte, de serpiente en rojo introducían el contraste necesario. Afiliadas y con tacón, rompían la suavidad del abrigo y añadían una dosis de provocación contenida. El rojo, además, funcionaba como ancla visual. En un look dominado por tonos neutros y texturas densas, este color activaba el conjunto y dirigía la mirada hacia sí. Es un gesto clásico en el street style neoyorquino: un solo elemento contundente que lo cambia todo. Asimismo, el detalle en rojo del bolso de Gucci creaba un efecto visual de coherencia para con el calzado al más puro estilo sandwhich dressing.
Nueva York actúa como catalizador. La ciudad exige personalidad, mezcla y algo de riesgo. Un abrigo afgano y unas botas de serpiente no resultarían iguales en otro escenario. En sus calles, el look cobra sentido, se justifica y se amplifica. Emily Ratajkowski ha construido un imaginario estilístico a partir de esa tensión constante. Su forma de vestir refleja esa dualidad. Nunca es completamente contemporánea ni estrictamente urbana y se mueve en un territorio híbrido que resulta profundamente contemporáneo. Y es que, Emily Ratajkowski no solo ha llevado un abrigo, lleva una lectura pulida de la ciudad que la ve pasear porque Nueva York, cuando se comprende y se siente plenamente es más que una ciudad, es una forma de ser.
