Las mejillas azotadas por el viento de Cathy son casi un personaje más en ‘Cumbres borrascosas’
Las opiniones que ha desatado el estreno en cines de esta nueva Cumbres borrascosas han sido, cuando menos, variadas. Estaba claro que adaptar un texto tan arraigado en la cultura popular bajo la mirada voraz de Emerald Fennell iba a levantar desde espectadores indignados hasta otros maravillados por la fantasía. Pero si hay algo innegable, es que la exploración exhaustiva de algunos recursos cinematográficos, como en este caso el maquillaje, eleva el largometraje a una categoría mucho más cuidada y acompaña la narrativa hacia otros lugares.
Hablaremos concretamente del uso del colorete. Sí, ese elemento que ha sacudido el mundo beauty en estos últimos años con sus múltiples variantes y que, en esta cinta, hace mucho más que embellecer el ya bellísimo rostro de Margot Robbie: aquí el colorete es parte de la trama y acompaña a Cathy en sus distintas emociones.
Puede que muchas curiosas (algunas padecientes, como yo, de blush blindness) se dieran cuenta en su visionado. Y, de no ser así, es completamente entendible. Entre el vestuario ostentoso, la banda sonora de Charli XCX, los decorados que rozan lo surrealista y el esperar con ansia a que aparezca Jacob Elordi en pantalla (algo, a mi parecer, más que suficiente para ruborizarse), la atención puede dispersarse con facilidad. Sin embargo, hay un detalle que atraviesa toda la historia: el color en las mejillas de la protagonista, el cual se mantiene constante y acorde al erotismo y a la intensidad emocional de la trama, aunque va adoptando distintos matices según el momento que atraviesa.
Así lo confirmaba para Allure la maquilladora de la película, Siân Miller, quien explicó que, al contrario que las últimas tendencias –que sitúan el producto cada vez más cerca del ojo–, ella lo colocó mucho más abajo en la mejilla, logrando de esta manera un efecto natural, que reflejara con precisión la tensión que experimenta Cathy en su cuerpo.
Para que sus cachetes adopten un color aframbuesado mientras reside en su casa familiar –con una mezcla de inocencia, atracción hacia Heathcliff y el azote constante del viento reflejada en su rostro–, la experta empleó el bálsamo No.1 en el tono Berry Boost de Chanel. No obstante, en el momento en el que se traslada a vivir a Thrushcross Grange, la cual comparte junto a Lipton, sus mejillas se vuelven más rosadas con los tonos Happy y Hope del Soft Liquid Pinch de Rare Beauty; aunque también acompañan sus vaivenes allí los rubores de Merit (concretamente, las variantes Après y Postmodern) y el colorete en crema Labs Divine de Pat McGrath. En lo que a labios respecta, Miller mantuvo el aspecto juvenil de Cathy con un labial hidratante rosado de Burt’s Bees y plasmó su consiguiente madurez cambiando este por el Pillowtalk de Charlotte Tilbury.
