Annie y Jordan se dieron el ‘sí, quiero’ el 15 de noviembre de 2025. “Aunque fue una decisión rápida, para nosotros tenía todo el sentido. No queríamos esperar dos años para celebrarlo, así que elegimos que fuera ese mismo año. Además, noviembre tiene un significado muy especial: casualmente, tanto mis padres como sus padres se casaron en este mes, y nos hacía mucha ilusión seguir esa tradición familiar”, desvela la novia. Para celebrar su gran día, la pareja decidió hacerlo en Mallorca, una isla cargada de significado para ambos y para la nueva etapa que estaban a punto de comenzar. “Aunque llevábamos dos años viviendo juntos en la isla, lo cierto es que nos sentíamos, en muchos aspectos, más vinculados a Valencia que a Mallorca. Aún así, sabíamos que había algo profundamente simbólico en empezar este nuevo capítulo en la isla. Mallorca representaba no solo el presente, sino también el futuro. Era la manera de marcar un nuevo punto de partida, de echar raíces y de convertir la isla en el escenario de lo que está por venir”, explican los novios.
La ceremonia tuvo lugar en la Iglesia de Calvià, una elección que la pareja tuvo clara desde el primer momento. “La iglesia nos enamoró, con su aire familiar y lleno de significado; además, los padres de Jordan se casaron allí”, cuentan los novios. En los meses previos a la boda, Annie y Jordan embarcaron en una búsqueda exhaustiva hasta dar con la finca perfecta para celebrar su gran día: “Recordamos como si fuera ayer la lista de fincas que teníamos que visitar y lo frustrante que era no encontrar una que reuniera nuestros requisitos. Cuando fuimos a ver la última finca de ese día, Jordan me dijo: ‘Mira esta entrada tan curiosa, vamos a entrar a ver…’ Entramos en Ses Cases de Son Fonseca, sin cita ni nada, y sentimos de inmediato que era nuestro lugar: sus jardines de cuento de hadas y sus salones señoriales, con techos altos y patios históricos, combinaban historia, elegancia y calidez mediterránea”, recuerdan.
El tema e inspiración que eligió la pareja para su boda, estuvo ligado a la elegancia clásica y atemporal, con la inspiración principal proviniendo de la escena del baile de la película de La Bella y la Bestia. “Desde pequeña soñaba con ese momento: bailar con el amor de mi vida bajo candelabros grandes que iluminan la escena, acompañados de cientos de velas”, cuenta Annie. La pareja apostó por una estética europea clásica, con la intención de huir de las tendencias pasajeras y abrazar una sofisticación silenciosa. “Queríamos que la decoración creará una experiencia mágica para nuestros invitados, jugando con la transición del día a la noche.”
