Una novia muy especial vestida de Atelier Aletheia
Cada detalle de la boda de Marta y Krys respiraba la esencia de esta pareja, formada por una madrileña y un berlinés. Ella, dedicada al marketing de moda en Zalando y siempre con un ojo puesto en la fotografía y la pintura y él, broker del real estate comercial y también batería de un grupo de música punk alemán, se conocieron una noche de nieve en Berlín, allá por 2013. “Aunque la vida nos llevó por caminos distintos durante diez años, el destino nos volvió a unir en 2022 para una segunda primera cita en Madrid. Lo que siguió fue un año intenso entre dos ciudades, un billete de solo ida a Berlín, donde vivimos desde hace 3 años juntos, y una pedida de mano montando en bici por las calles de Kreuzberg”, relata la novia.
“La pedida sucedió en el solsticio de verano de 2024, la noche más larga del año. Íbamos en bici por Berlín, cruzando nuestro barrio hacia una copa de vino con amigos, cuando Krys frenó en seco. Se arrodilló allí mismo, entre nuestras bicicletas, y sacó un anillo. Yo no pude más que lanzarme al suelo con él, entre risas y asombro, para decirle que sí a todo”, recuerda. “De aquella primera noche de nieve al último día de verano en Madrid, nuestra boda fue un viaje por tres ciudades que definen quiénes somos. Decidimos celebrar nuestra unión en tres escenarios: una ceremonia civil íntima en Copenhague, una cena en Berlín que terminó bailando solos en Berghain, y una gran fiesta final en un pinar de Madrid”, prosigue.
“Fue emocionante ver nuestro universo entero reunido en ese pinar. Logramos condensar nuestra historia y expandir nuestras fronteras, juntando a familia y amigos de Polonia, Suecia, Holanda, Francia, Alemania y España. Verlos a todos allí, celebrando nuestro camino juntos, hizo que el mundo se sintiera, por un momento, un lugar pequeño y perfecto”
Rodeados de amigos y familia de toda Europa, Marta y Krys fusionaron las raíces alemanas y españolas en una celebración llena de intención, artesanía y moda lenta: desde el vestido de Atelier Aletheia teñido con hojas de laurel y las inseparables bailarinas Tabi de Margiela de la novia, hasta los platos de cerámica hechos a mano por Pedreño para cada invitado.”Más que una boda, fue el momento en que nuestra “máquina del tiempo” nos devolvió al lugar donde todo empezó, pero esta vez, en el momento adecuado y el lugar perfecto”, zanja Marta.
La boda en Madrid tuvo lugar el pasado 27 de septiembre, concretamente en la Finca Soto de Cerrolén. Del catering se ocupó Cortés de Moraga, de la papelería la propia novia, de los arreglos florales y la decoración el equipo de la finca y, de la música High Volume. Para las instantáneas que le harán recordar para siempre este magnífico día recurrieron a Olea Photo. “El verde del pinar y el naranja de mi ramo de flores fueron los tonos protagonistas. Siempre han sido nuestros colores favoritos y los hemos tenido muy presentes”, comentan.
Como ya comentamos, para la ocasión, Marta se puso en mano de sus amigos, de Atelier Aletheia, el diseño lo combinó con unas bailarinas Tabi de Margiela. “De joyas llevé unos pendientes de diamantes que me regalaron mis amigas del colegio, una pulsera antigua de mi madre donde grabó nuestras iniciales y mi anillo de compromiso, un solitario vintage comprado en una subasta berlinesa”, explica. Para el baile, se puso una gargantilla de PAULET y se soltó la melena para poder disfrutar de la noche.
