El sérum anti imperfecciones que marcó un antes y un después en mi rutina
Reconozcámoslo: la paciencia no es una cualidad que abunde en nuestra sociedad. O no lo es al menos en mi caso, en el que incluso los 30 segundos de espera en un semáforo hacen que me muerda las uñas. Sea como fuere, la tónica general pasa por la rapidez. Por la inmediatez, mejor dicho, y todo aquello que no responda a estos adjetivos suele suscitar frustraciones. Con la cosmética, más de lo mismo. Está claro que para milagros a Lourdes —nadie espera deshacerse de las líneas de expresión con un golpe de retinol nocturno, ni recuperar el cutis de la adolescencia por utilizar un par de mañanas un sérum de vitamina C—, pero tampoco es cuestión de basar nuestro neceser en un acto de fe. A veces queremos ver resultados, y los queremos ver pronto.
Por eso, como en mi palacio no me gusta que las cosas vayan despacio, las fórmulas capaces de demostrar en un tiempo prudencial —pero no demasiado dilatado— su eficacia son todo lo que ansío. Y precisamente en la búsqueda de ese delicado equilibrio entre la magia que esperamos de la cosmética y el rigor que exige la ciencia me encontraba yo hace un par de semanas, tratando de dar con un producto que consiguiese frenar y corregir un brote de acné hormonal de lo más inoportuno. Y, a poder ser, en tiempo record. Así, sin más, descubrí el sérum Skin Correct, de Elizabeth Álvarez Cosmetics.
Según rezaba su ficha de producto, se trataba del “sérum más completo del mercado para eliminar imperfecciones desde la raíz, tratar marcas y rojeces, reducir visiblemente el tamaño de los poros e hidratar sin engrasar, que va a perfeccionar tu piel desde el primer día”. Según la farmacéutica que me lo recomendó, de “un ‘producto milagro’ para cuando lo que buscas es rapidez, pero también resultados progresivos. Vamos, que verás como de un día para otro tu brote de acné, tus rojeces y la textura de tu piel mejora, pero también cómo con el tiempo los poros se afinan y las marcas se reducen. En la farmacia es un best seller”. ¿Había encontrado la solución a mi impaciencia cosmética?
Resultó ser que sí. Al menos en mi caso, la respuesta de mi piel fue muy, pero que muy buena. A la mañana siguiente —empecé a usarlo por la noche— su aspecto era visiblemente más uniforme: el acné no había desaparecido, pero sí se había reducido; las rojeces de las mejillas se habían atenuado y la piel se sentía más confortable e hidratada. A los tres días los resultados se intensificaron, y un mes después puedo decir que se ha convertido en un imprescindible en mi rutina.
