La novia no tenía mucho en mente para el vestido, salvo un detalle importante: “Siempre quise un vestido de novia con color”, dice Rachel, quien, describe, suele vestir en su día a día con prendas sencillas en tonos apagados. «El ambiente en Menorca era tan luminoso, y jamás iba a celebrar una ceremonia tradicional, así que me inclinaba por llevar un vestido brillante y colorido». Pero pronto descubrió un obstáculo al que no muchas novias se enfrentan: “Es difícil encontrar algo con color y sentir que es de verdad tu vestido de novia”. De sus opciones iniciales, pensó: “Vale, este es un vestido muy bonito para para la boda de otra persona”.
Días de Vino y Rosas
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Rachel incluso se planteó renunciar a su sueño de un vestido de novia colorido, llegando a comprar vestidos blancos en varias mercados vintage de Nueva York (“Tengo entre siete y diez vestidos de novia vintage en mi casa”, confiesa); pero no dejaba de volver una y otra vez a un vestido de archivo de Ralph Lauren en tul amarillo –el look 48 del desfile de primavera-verano 2015– que vio en la web de Shrimpton Couture. “No dejaba de pensar en él y de volver a verlo, y todavía no se había hecho con él”, cuenta. Así que, aunque el vestido no se podía devolver, Rachel se atrevió a comprarlo.
Rachel pidió el visto bueno a varias amigas íntimas, entre ellas la periodista de moda Alina Cho, cuyo apoyo le dio la confianza necesaria para seguir adelante con el soleado vestido. Aunque Cho era una nueva amiga, se convirtió en una especie de hada madrina fashion para Rachel. “Estaba tan implicada que me mandaba mensajes en plan: ‘Rachel, estoy estresada por tu look de novia, ¿qué está pasando?”, recuerda Rachel. “Por eso, acabó viniendo y haciendo los últimos retoques y ajustes el día de la boda”.
