Mantener vivas las tradiciones es tan emocionante como inventar nuevos rituales. El 17 de febrero comenzó la celebración del Año Nuevo Chino, que se extendrá hasta el próximo 3 de marzo. El evento da inicio al ciclo del Caballo de Fuego, que en la astrología oriental se asocia al dinamismo, la valentía y la renovación. “Recuerdo que era la festividad más importante en mi familia. Se reunían todos sin ningún preámbulo y mis abuelos y mis tías vestían sus mejores qipaos, confeccionados con sedas coloridas que marcaban sus finas figuras y cuellos esbeltos”, recuerda Meilan Kao (Barcelona, 1983), de ascendencia gallego-taiwanesa. “También recuerdo cómo cada miembro de la familia pedía sus mejores deseos a los tres Budas situados en un altar lleno de fruta, con incienso a su alrededor. Aún recuerdo ese olor… Las frutas debían ser frescas, fragantes y coloridas (como la Mano de Buda, naranjas, mandarinas, pomelo, piña y manzanas), y cada una simbolizaba algo positivo para el nuevo año”, añade.
