Mientras que el amor obsesivo, las diferencias entre las clases sociales o lo sobrenatural son temáticas que Emily Brontë exploró intensamente en su obra original, Cumbres borrascosas (1847), la libérrima versión de Emerald Fennell dista de abordarlos con la misma profundidad (o no los aborda directamente), aunque eso no quita que haga un ejercicio de fantasía que resulta golosísimo para el espectador. Entre sus mayores virtudes, está su vestuario, a cargo de la doblemente oscarizada Jacqueline Durran, quien construye un universo de estilismos tan extravagantes como anacrónicos, rematados por una selección de joyas, a mi humilde parecer, majestuosa.
En concreto, los collares son la pieza a la que creo que dirigirá la atención una gran parte de los espectadores que disfruten de la cinta estos días en salas. Un medallón en forma de corazón cuelga sobre el pecho de Cathy (Margot Robbie) en algunas de las escenas del primer tercio de la misma; la primera adición a la lista que me iba haciendo en la mente para evitar sacar las notas del móvil y molestar con su luz durante el visionado. Después, el nivel asciende hacia propuestas más ostentosas: un choker de terciopelo con colgante y otro modelo de tamaño XXL recubierto de perlas se mecen con gracia en el cuello de la actriz. ¡Y cómo olvidar los distintos y vistosos diseños con brillantes que Cathy pasea mientras recorre su mansión!
Parece ser que, de alguna manera, los collares acompañan a esta atípica heroína como parte de su narrativa en esta adaptación de Fennell, y sobre todo lo hacen como símbolo de su reciente poder económico. Pero más allá de buscar un significado concreto, la estética está ahí. Y verlos acompañados de las melodías de Charli XCX, que funcionan como hechizos de sirena durante el metraje, me hizo fantasear con muchas cosas… entre ellas, con cómo podría adaptar piezas similares a mi armario.
Jaap Buitendijk
