Sin embargo, para muchos, el ick es la intuición advirtiendo que ahí no es. Lombardía explica que esta es una reacción pre-reflexiva, es decir, ocurre antes del pensamiento. “Después intentamos racionalizarlo: ‘esto es una tontería, ‘no debería importarme’, pero la respuesta corporal ya está ahí. Y el cuerpo, en términos de deseo, suele tener más peso que los argumentos lógicos”. Indica que esto no quiere decir que sea siempre cierto o definitivo, pero sí que conviene escucharlo.
Para Palomares, cuando se da una reacción de este tipo ante mínimos detalles, puede que esté hablando más de las propias expectativas e inseguridades, y apunta a que, en ocasiones, también puede ser un mecanismo de defensa. “Es posible que durante la relación hayamos visto detalles que no nos gustan o incompatibilidades que sabemos que van a saltar al más mínimo gesto. Pero también se da una búsqueda inconsciente de defectos por miedo al compromiso”.
Observa que la incompatibilidad real se sostiene, y el sentimiento de aversión no mengua ni se suaviza; mientras que un rechazo pasajero se irá disolviendo y permitirá que el vínculo avance y se desarrolle. “Cuando un detalle que no es grave genera una reacción tan adversa como para dejar la relación, podemos afirmar que en realidad no se había terminado de conformar un vínculo profundo o real”.
Cuando el deseo y la excitación desaparecen
Lombardía sostiene que es importante diferenciar deseo y excitación, puesto que suelen
confundirse: “el deseo tiene que ver con la motivación, con las ganas, con lo que nos
empuja a acercarnos al otro. La excitación es una respuesta fisiológica del cuerpo”, y añade que cuando aparece el ick, suele producirse una interferencia clara en ambos niveles, “el deseo cae en picado y, muchas veces, la excitación se bloquea o incluso se transforma en rechazo corporal (tensión, incomodidad, asco). El cuerpo ‘dice no’ aunque no podamos explicarlo con palabras”. Matiza, que no se trata de falta de voluntad ni inmadurez emocional, sino una señal de que algo en la experiencia relacional o erótica ha dejado de resultar coherente o segura para la persona.
La sexóloga arguye que la educación sexual tiene mucho que ver en este sentido, puesto
que es la encargada de moldear lo que nos resulta deseable o repelente. “Gestos
relacionados con el cuerpo, la vulnerabilidad, el placer, la dependencia o incluso el humor
pueden activar vergüenza aprendida, mandatos de género o ideas muy rígidas sobre cómo
debe ser alguien atractivo. El ick no surge en el vacío, está atravesado por cultura, normas
sociales y expectativas”.
¿Se puede superar el ick?
Para Ana Lombardía lo más importante es no culpabilizarse. “Sentir rechazo no convierte a nadie en superficial ni cruel”. Después, nos invita a preguntarnos si esa aversión es algo puntual o persistente, y qué está señalando: una falta de deseo más profunda, una idealización en relaciones que ya no se sostiene, un conflicto no expresado, o un choque con valores propios. “En algunos casos, hablarlo con tacto, introducir cambios en la dinámica erótica o revisar expectativas puede ayudar a que el deseo se reorganice; en otros, es la señal de que la atracción se ha agotado, aunque la relación ‘funcione’ en otros planos”.
