¿Qué es la inflamación silenciosa, y cuáles son los motivos tras su aparición?
Cada vez más mujeres llegan a consulta con la misma sensación de desconcierto. Entrenan con regularidad, intentan dormir bien, cuidan su alimentación y, aun así, viven cansadas. Les cuesta perder peso como antes. Se notan inflamadas, con menos energía, la piel más apagada, el cuerpo menos “colaborador”. Así define Montse Prados, endocrinóloga experta en nutrición y autora de La medicina que necesitas eres tú, una realidad que en los últimos años acostumbra a presenciar, y que a menudo, confiesa, viene acompañada de frases como “No lo entiendo, si lo hago todo bien”. Pues bien, la respuesta según la experta, en muchos de estos casos, no estaría en la falta de disciplina, sino en un proceso silencioso, invisible y profundamente normalizado: la inflamación crónica de bajo grado, también conocida como inflamación silenciosa.
“Cuando hablamos de inflamación solemos pensar en dolor, en una lesión o en una infección evidente. Sin embargo, la ciencia lleva años describiendo otro tipo de inflamación: persistente, de baja intensidad y sostenida en el tiempo. No produce síntomas agudos, pero altera profundamente el metabolismo, el sistema hormonal y los mecanismos de envejecimiento”, relata Prados. Este estado inflamatorio “silencioso” al que alude se asocia a la fatiga crónica, una mayor dificultad para perder grasa, resistencia a la insulina, alteraciones del estado de ánimo y envejecimiento prematuro. “No es casualidad que los estudios más recientes sobre envejecimiento saludable hablen cada vez más de inflammaging: la inflamación como motor biológico del envejecimiento”, recalca.
#1. El famoso cortisol, uno de los principales culpables de la inflamación silenciosa
A estas alturas, tras meses en el centro de la conversación, sabemos ya que el cortisol, la famosa hormona del estrés, es también un potente modulador inflamatorio. “Cuando permanece elevado durante meses o años, el cuerpo entra en un estado de alerta constante. Y, claro, el estrés sostenido, la multitarea, la falta de descanso real, la presión estética, la exigencia emocional y la autoexigencia crónica generan una activación continua del sistema nervioso y del eje hormonal”. Por eso, muchas mujeres que “lo hacen todo bien” están, paradójicamente, inflamadas; es lo que tiene aprender a funcionar ignorando señales sutiles –véanse el cansancio normalizado, hinchazón digestiva, sueño poco reparador, bajadas de energía a media mañana y/o dificultad para concentrarse–.
