Si hay alguien a quien se le puede adjudicar la popularización de las fundas nórdicas de rayas (o de los textiles a rayas, en general) es a las marcas de decoración danesas. Firmas como Tekla y HAY –ambas fundadas en Copenhague– han conseguido que el estampado atemporal por excelencia se instale en los hogares millennial y (sobre todo) zeta temporada tras temporada. Comenzó por los cojines, los manteles individuales y las toallas de baño y en 2026 ya es, oficialmente, el estampado más aclamado para vestir las camas.
Las fundas nórdicas de rayas comenzaron una expansión silenciosa en 2024, se establecieron como una de las tendencias en 2025 y, aunque todo apuntaba a que podían morir de éxito, el nuevo año confirma su consolidación: los tableros de Pinterest y cuentas especializadas de Instagram siguen apostando por ellas y los catálogos de las tiendas de decoración más conocidas.
El fenómeno ha provocado, además, que los colores, diseños y combinaciones sean infinitas, y se adapten a todos los estilos decorativos. Así, la tendencia que comenzó con rayas gruesas y diseños bicolor, ahora se presenta también con estampados más minimalistas, fundas nórdicas reversibles, combinaciones en tonalidades neutras o rayas bordadas. Y, sinceramente, las quiero todas.
