El casting, formado por modelos como Emily Ratajkowski, Elsa Hosk, Amelia Gray, Mariacarla Boscono o Karlie Kloss daba forma al uniforme. Tacones altos, medias con el monograma GG y la vuelta del complemento más deseado de 2018, el cinturón que promete revivir la logomanía. “El año pasado me sumergí en comprender la “guccidad” de Gucci”, relata Demna sobre cómo el proceso le ha llevado a crear una colección como esta. “Fui a los archivos en Florencia, visité las fábricas de Gucci y fui testigo del poder industrial de esta marca. Fui al museo de los Uffizi para ver La Primavera de Botticelli, la pintura que inspiró Gucci Flora. En el camino, me encontré con otra obra de Botticelli: El nacimiento de Venus”. Un cuadro que, tal y como cuenta, le hizo comprender hasta qué punto el Renacimiento italiano moldeó todo lo que entiende sobre el arte, la proporción, el deseo y la belleza. “Cuando salí del museo y entré en la Piazza della Signoria, lo primero que vi fue el Palazzo Gucci. En ese instante entendí el lugar que ocupa Gucci dentro de la cultura italiana. Se volvió claro para mí cuál es realmente mi misión aquí. Más allá del producto, Gucci es cultura, es una manera de pensar y una manera de ser. Gucci necesita convertirse en una sensación. Gucci debe convertirse en un adjetivo”.
Por supuesto, esa herencia bebe también de patrones como el floral, presente en ciertos vestidos y rescata el diseño inspirado en Botticelli que se confeccionó en exclusiva para Grace Kelly. Asimismo, se recupera la figura de la diva, presente y apelada de manera directa en La Famiglia, con las modelos, enfundadas en grandes abrigos con solapas de pelo siluetas largas igualmente cálidas. Un desarollo que deja paso, poco a poco, a una ropa más ancha, hasta llegar hasta la triunfal aparición de Kate Moss, una de las musas de Ford, en un vestido negro de lentejuelas y cut outs en los laterales. Todo ello, dejando ver una espalda bajísima y unas tiras que remiten a la ropa interior.
Kate Moss cerrando el primer desfile de Demna para GucciDaniele Venturelli/Getty Images
Una fusión que da lugar a nuevos objetos de deseo
Sin embargo, el desfile ha estado lleno de detalles que van mucho más allá del respeto por el pasado. El blanco y el negro, protagonistas absolutos al inicio del desfile, dejaban espacio para total looks rojos y de encaje negro con lentejuelas, aberturas donde habrían estado los bolsillos, el pelo con blowouts y maquillajes ahumados que, en conjunto, auguran de manera definitiva el fin del clean look y sus vertientes. Conjuntos de cuero, con cazadoras a juego y pantalones con estampado de cocodrilo que casan con los bolsos de inspiración retro, que continúan el legado del Horsebit. Los pantalones metalizados y las camisetas rosas con estampado de leopardo solo confirman esta unión entre pasado y futuro, street wear y ropa de gala. “Mi visión de Gucci trata sobre la coexistencia entre herencia y moda. Aquí no son opuestos, son amantes”, sentenciaba Demna en el comunicado. Y que así sea.
