Hay una aparición estelar que ninguna feminista amante de la moda olvida. Muchas no la vivimos entonces, pero a veces las redes sociales hacen su magia. Era 1998. Courtney Love ofrecía una rueda de prensa junto a Hole con motivo de los MTV Movie Awards y tras contestar a una serie de cuestiones a las que respondió con su ironía y desparpajo de reina, ocurrió lo que años después aún recordaríamos. A la pregunta de un periodista, que hacía alusión a las críticas que había recibido un año antes por llevar un vestido satinado de Versace a los premios Oscar, Love contestó: “Bueno, ya sabes lo que pasa con la moda: los críticos de rock tíos. Los que van de proletarios, tienen un problema con los vaqueros. Rollo boomer, en plan Bruce Springsteen. Pero las tías llevamos la moda en nuestro ADN desde hace mil años. Queremos llevar ropa bonita, ¡es nuestra movida! Y si puedes ir a los Oscar guapísima con un vestido increíble, ¿por qué no lo vas a hacer? Me da igual esa regla de la que hablas. ¿Quién dictó esa regla? ¡Algún estúpido, seguro!”.
No sabemos a qué regla se refiere Love porque la intervención del periodista resulta inaudible, pero imaginamos que tendrá que ver con esa idea no escrita, que sobrevuela nuestras cabezas desde que podemos recordar y que dicta que ser femenina se paga. Se paga con el descrédito y la mofa. Así que, si queremos que nos tomen en serio, lo mejor será neutralizarse en aspecto y formas vistiendo ropa tradicionalmente masculina (pero no demasiado, o serás tachada de machorro). Al menos, si se realiza un trabajo de calado intelectual y moral, como por ejemplo, ser cineasta. O escritora. Otra cosa es ejercer como presentadora o actriz, ahí la “feminidad” no se penaliza, se exige. En el caso de Love, la industria la consideraba una de los suyos, por hacer música grunge, así que se le exigía separarse de la clásica indumentaria de estrella del pop, tradicionalmente femenina.
Todo esto venía yo barruntando cuando vi a Alauda Ruiz de Azúa recogiendo el Goya a Mejor dirección por Los domingos. Que subiese ella y no Laxe no me sorprendió tanto, en realidad me lo esperaba, pero podría, porque la cineasta era solo la cuarta mujer que recibía ese galardón en cuarenta años. Sabiendo que podría hacer historia, la cineasta se puso un traje de dos piezas negro y una camisa blanca, un estilismo que no estaba acreditado y que tampoco llamaría mi atención si no fuese casi exacto al que llevó Belén Funes o, salvando las distancias, a las elecciones de Celia Rico, que iba de Marta Martí, o Alba Flores, más alejada aún, y vestida por Dominnico con un total look negro de estética cowboy. Todas ellas, directoras de cine y guionistas (a excepción de Flores, que es actriz y música), optaron por trajes de dos piezas o conjuntos conformados por un pantalón y un cuerpo, propuestas que se alejaban de la idea de princesa de Disney que va encorsetada o emperifollada a la alfombra roja. ¿Fue casualidad? ¿Gusto personal o es que en determinados contextos todavía penaliza lo girly? Responde Alba Correa, periodista especializada en feminismos. “Todavía existe un premio por abandonar la feminidad en la puerta antes de acceder a según qué espacios”, asegura. Y matiza. “Pero la feminidad no tiene un solo pelaje. Hay tantas feminidades como seres femeninos habitan el mundo. Con feminidad nos referimos a los símbolos y los significantes que se asocian a lo tradicionalmente femenino”.
Porque, a la hora de posar en la alfombra roja, no existe una propuesta estilística mejor (o más feminista o femenina) que otra. Se trata de poder decidir entre un gran abanico de opciones, sin que hacerlo suponga una lectura positiva o negativa de nosotras como profesionales. A ellos no les ocurre. “Cuando eres una mujer en una posición de poder, masculinizarte siempre juega a tu favor”, considera la cineasta y actriz Elena Martín Gimeno. “En el sentido de que cuanto más te parezcas a un hombre, tanto en tus formas como en tu contenido, más fácil será reproducir esa autoridad, que los demás la entiendan y que, por tanto, te respeten”. Así que la actriz y directora, que en los Goya de 2024 estuvo nominada a Mejor Dirección por Creatura, aprovechó para lanzar un mensaje en un momento crucial de su carrera. “Compartía nominación junto a Coixet, Bayona, Trueba y Erice, por eso decidí ir con un vestido rosa con el que se me veía la barriga. A mí me gusta mucho la moda y tengo la suerte de tener amigas y amigos que se dedican a ello. Era un look super comodo, rosa pastel, como de princesita, de Joan Ros. Y me apetecía jugar a ese juego, me parece chulísimo poder hacerlo”.
Poder hacerlo, elegir qué llevaremos puesto, es un derecho del que ahora disfrutamos tras muchos años de lucha. “Gracias al feminismo, tenemos mucha más facilidad que antes a la hora de decidir entre un abanico de looks. Ha habido muchas compañeras que se han peleado para poder llevar traje o vestido, según les apeteciese”, reconoce la guionista Paula Jiménez. Porque hay mujeres que se sienten más cómodas en traje y otras que prefieren llevar vestido de cola, pero también hay otras que van oscilando, explorando las posibilidades de la moda. Elena Molina, codirectora de Flores para Antonio, también nominada en los Premios Goya 2026 en la categoría de Mejor película documental, decidió dejar de lado el look con el que se siente más cómoda —con pantalón de traje o chaqueta oversize—, y decidió ponerse un vestido y unos tacones. “Le di bastantes vueltas. Pensé que era un día para buscar un estilismo diferente, así que contacté con varias marcas locales. Acabé decantándome por Otrura. En principio, yo les pedí trajes, pero me propusieron un vestido y pensé: ¿por qué no iba a poder llevar uno siendo directora?”.
