Todos estos estímulos potencialmente tóxicos, enmascarados de cultura del bienestar, se le juntaron a la madrileña con una fase creativa, en mitad del proceso de composición del disco, en la que se sentía, además, muy frustrada con algunos aspectos laborales. Muchos de ellos, vinculados con el hecho de ser una artista independiente que cuenta con una ayuda muy limitada en la gestión de su proyecto. “No paraba de preguntarme a mí misma: ‘¿Por qué tengo que estar todo el rato detrás de la gente? ¿Por qué nadie me entrega las cosas cuando me las tiene que entregar? Es muy difícil estar encima de todas esas cosas para que el trabajo avance y, a la vez, tener que prestar atención a comer una ensalada y dejar tiempo para ir al gimnasio. Es como, mira, no puedo. Me vas a permitir pedirme una pizza y descansar un rato”, ahonda la cantante y compositora, que vuelve después de haber lanzado en 2024 los EPs SENSACIÓN DE CALOR 2 y iCandy, dos trabajos que precedieron a su álbum debut, Cosas de brujas (2023), y en los que ya está muy presente esa textura sonora que está haciendo de ella una de las grandes referentes locales del hyperpop y del pop punk electrónico.
“Esa continuidad es lo que tiene sentido para mí. No tengo ninguna necesidad de romper con todo lo anterior y hacer una cosa nueva. Estoy muy contenta con el lugar en el que estoy, volviendo a muchas canciones que escuchaba antes y combinando esas referencias con otras muy modernas”, dice sobre las influencias noventeras y dosmileras de Forever, que van de Frost Children a Avril Lavigne, Kesha e incluso Hilary Duff en su dimensión más pop y naïf.
En el plano estético, tampoco tiene problema en asumir los clichés del Y2K y, como se ve en la propia portada del álbum, llevarlos casi a un límite que roza lo paródico. “Al final, hay una gracia en hacerlo todo tan explícito. Trabajé con un equipo en París que era muy maximalista y llevaba los códigos de internet como muy al extremo y me apetecía prestarme a ese juego, porque yo siempre soy más sutil en mi imagen y en cómo visto. Me apetecía ‘montarme’ para dar con la dimensión visual del disco, que fuera mucho más una performance. También porque es un álbum que tiene una parte muy sensible y quería contrarrestar un poco esa carga haciendo algo más extra”.
Ese mismo espíritu de ligereza y desinhibición está también presente en un set de canciones en las que María Escarmiento ha introducido algunas “letras muy exageradas, que rayan todo el rato la ironía”. Quería divertirse y quitarse de encima el peso de lo excesivamente correcto. Y lo ha conseguido en canciones como Siempre juntas (en colaboración con Shanghai Baby y Ade Martin) o Iconic (junto a Samantha Hudson) que son una personal oda a la amistad. “Ade y yo somos amigas desde que tenemos 18 años. Me encanta que hayamos podido plasmar esa relación de manera tan literal en una letra. Hay frases que nos decimos que se han convertido tan cual en un verso, como Cuéntame absolutamente todo desde el principio. Me gusta mucho salir de mí y escucharlas a ellas. Y luego tengo la colaboración con Samantha, que es muy divertida desde el punto de vista de salir a quemar a la noche”, dice Escarmiento, que en este disco también cuenta con la voz de Julieta (en Llaman y llaman y llaman) y Fran Laoren (en Nadie puede hacerlo como nosotros).
