Desde siempre, el cardio ha sido entendido como EL ejercicio cuando de lo que se trata es de perder peso. No es ninguna mentira, claro: correr, pedalear, saltar a la comba, nadar, subir escaleras y tantas otras formas de trabajar el sistema cardiovascular ayudarán a quemar calorías, además de aportar otros tantos beneficios para la salud del corazón, algo estrechamente relacionado con la longevidad. Aún así, es importante matizar esa afirmación tan socialmente extendida: no, el cardio, por si solo, no adelgaza. “El ejercicio cardiovascular quema calorías durante la sesión, y eso hace pensar que es la forma más lógica de bajar de peso. Y sí, el cardio ayuda, pero no la herramienta más importante ni suficiente por sí sola”, adelanta Isidoro de la Cruz, holistic coach de Barceló Hotel Group y embajador del programa WeBalance de la cadena hotelera.
Pablo Gil, preparador físico especializado en pádel, secunda la moción: “El cardio es bueno para trabajar el sistema cardiovascular, pero por sí solo no te va a hacer perder peso. Mucha gente cree que, si entrena fuerza, no puede hacer cardio porque va a adelgazar demasiado, y eso no es cierto: ambas cosas son compatibles. De hecho, ahora está muy de moda el entrenamiento híbrido, que combina correr (u otro tipo de ejercicio cardiovascular) con entrenamiento de fuerza, y es una forma de entrenar súper completa. Trabaja todo el cuerpo, mejora la resistencia y, además, fortalece el músculo –que está demostrado que es también muy importante cuando el objetivo es bajar de peso–”, asegura. Ángela Isla, especialista en fuerza y acondicionamiento y CEO del centro de bienestar BYAI, hace hincapié en esa última idea. “Si solo haces cardio y te olvidas de la fuerza, estás dejando fuera una parte clave del proceso. El músculo es metabólicamente activo y te ayuda a consumir más calorías, incluso en reposo”, sentencia.
Ejercicios de fuerza: fundamentales también cuando el objetivo es perder peso
Pero, ¿qué significa que el músculo sea metabólicamente activo? Pues, en este contexto, que es un tejido que consume energía de forma constante para mantenerse vivo y funcional, incluso cuando no se está usando. En otras palabras: a diferencia de la grasa –que es principalmente una reserva de energía–, el músculo requiere calorías para existir. De hecho, se estima que un kilo de músculo quema aproximadamente tres veces más calorías que un kilo de grasa mientras se está en reposo. Además, aumenta la Tasa Metabólica Basal (TMB) –lo que facilita el control del peso a largo plazo, ya que, al tener más masa muscular, el cuerpo necesitará gastar más energía para llevar a cabo funciones vitales–, regula la glucosa y mejora la sensibilidad a la insulina –el músculo es el principal “consumidor” de azúcar en la sangre–. Todo ventajas.
Asimismo, por mucho ejercicio que se haga, ya sea este de fuerza o cardiovascular, para bajar de peso se necesita un déficit calórico. Es decir, gastar más calorías de las que se consumen. “Puedes estar corriendo mucho tiempo que, si consumes más calorías de las que tu cuerpo gasta, la báscula seguirá sumando”, recalca Gil. Así que sí, como bien recuerda la experta de BYAI, la combinación de fuerza, cardio y una alimentación coherente funciona mucho mejor que hacer horas infinitas de cinta. Para perder peso, y para todo en general.
