“Chic, happy and beautiful”: así fue la boda en Borgoña de Zachary y Henrik
Antes de casarse en Francia, Zachary, estadounidense, y Henrik, noruego, se conocieron donde menos lo esperaban. Abu Dabi: sus espejismos, su luz cegadora y aquella velada a medio camino entre lo privado y lo profesional; una fiesta de inauguración “híbrida” que también funcionaba como cóctel con la clientela. «Fue tan extraño como suena», recuerda Zachary. Entre conversaciones y siluetas, sus miradas se cruzaban… y luego se perdían.
Haría falta tiempo, mucho más que en las comedias románticas. «Tardamos casi nueve meses en conseguir nuestros datos de contacto… y en empezar a hablar de verdad», cuentan. Una lentitud casi irónica en una ciudad que corre deprisa. Y entonces, cuando por fin el primer encuentro se materializó en un steakhouse de Abu Dabi en enero de 2019, todo se aceleró. «En las dos semanas siguientes viajamos juntos al extranjero por primera vez». El segundo viaje les deparó algo todavía más inusual: «Nos dijimos ‘te quiero’ mutuamente, algo que ninguno había dicho nunca antes».
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Zachary y Henrik hicieron de Abu Dhabi un lugar para el recuerdo
Lo que vino después fue una sucesión de capítulos intensos: una vida cotidiana compartida, una pandemia global vivida codo con codo y, después, un horizonte aún más amplio. La pedida de mano fue de película: el desierto de Abu Dabi, arena hasta donde alcanza la vista, silencio absoluto. El 30 de enero de 2022, Henrik eligió un resort en los confines del emirato, cerca de la frontera con Arabia Saudí. «Habíamos viajado en Navidad y no nos apetecía dejar aquello tan pronto», explican, así que optaron por la inmensidad del desierto.
Aquella noche, la cena tuvo lugar entre las dunas, frente a una hoguera. «Le pedí matrimonio a Zach delante del fuego, sobre la arena». Un instante suspendido y, paradójicamente, casi público. «En teoría era ilegal, y estábamos a la vista de algunos miembros del personal», desliza Henrik. La escena incluso tuvo su detalle surrealista: «Un camarero llegó con un pescado entero asado en costra de sal; al verme de rodillas dio una vuelta completa sobre sí mismo… y luego se dio cuenta de que, aun así, lo habíamos visto». La anécdota lo dice todo de ellos: elegancia, humor y esa capacidad de transformar la tensión en carcajada.
Eligieron celebrar en Borgoña su amor mutuo (y por el vino)
Cuando llegó el momento de imaginar su boda, Zachary y Henrik buscaron un hilo conductor que no fuera un simple tema de disfraces ni una paleta de Pinterest. Su elección respondió a una pasión mutua muy concreta: el vino, y más concretamente, el de Borgoña.
«Elegimos Borgoña porque bebemos mucho más vino de esta región que de cualquier otra parte, y nos encanta su cultura culinaria», explican. Allí vuelven una y otra vez: «Hemos ido al menos seis veces».
