Ese relato se construye por una mujer asentada como una de las imprescindibles del cine español y el director más importante de las últimas décadas de nuestra cinematografía. Bárbara Lennie llegó a Amarga Navidad serena y consciente de lo que quería hacer. “Soy alguien completamente diferente. No tenía ni 30 años en La piel que habito, estaba empezando a entender algo. Ha pasado mucha vida, mucha ficción, muchas personas y hasta mi maternidad. Siento que estoy a años luz de aquella persona y a la vez lo recuerdo muy vívidamente. Me acuerdo de la calle donde rodamos, el lugar donde descansé, lo que hablé con Susi [Sánchez] o las risas con Agustín Almodóvar. Yo tengo muy presente esa cosa del tiempo, que es una marcianada y a la vez está aquí al lado, pero lejísimos. Así me siento: muy cerca y muy lejos de esa persona que fui”, rememora.
El nuevo largometraje de Pedro Almodóvar tiene mucho de teatral. La ficción dentro de la ficción es puro cine del director, salpimentada con toques de humor, pero un melodrama con su sello; la historia en la que se escribe esa otra, la que funciona más pegada a la realidad de Almodóvar, es absoluto teatro: de los guiones hasta, prácticamente, la puesta en escena en contadas localizaciones. Y en el teatro fue, precisamente, donde se encontraron Lennie y él. “Pedro me cogió saliendo de una representación y me dijo que me mandaba un guion. A mí me empezó a latir el corazón más fuerte. ‘No te lo mando ahora porque estoy con las americanas terminando y quiero mandártelo bien’, me comentó”, recuerda la actriz todavía emocionada. “En el pasillo del teatro”, puntualiza Almodóvar. “Mientras estoy aquí [en su despacho en El Deseo, donde tiene lugar la entrevista] escribiendo no acabo de ponerle cara, pero en este caso, antes de terminar, sabía que el personaje de Elsa quería que fuera Bárbara. Hay veces que lo sé y otras no. También en esta ocasión tenía claro que quería a Victoria para Patricia”, comparte.
