De los Globos de Oro a los Oscar 2026, el invierno es sin duda la estación favorita de Hollywood, cuando la industria entera se sube al escenario para celebrar las películas que han dejado huella durante el último año. En la antesala de estas prestigiosas ceremonias cinematográficas, las predicciones fluctúan hasta que ciertos títulos se imponen rápidamente como favoritos ineludibles. Tal es el caso de Los pecadores, que dominó las nominaciones a los Critics Choice Awards 2026 con nada menos que 17 menciones, incluida la de Mejor Película. Si bien Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson se llevó este último galardón, la cinta de Ryan Coogler recogió sin embargo los premios al Mejor Reparto (una categoría inédita), al Mejor Actor Revelación para el joven Miles Caton, al Mejor Guión Original para Ryan Coogler y a la Mejor Música Original para Ludwig Göransson. Un palmarés encomiable, que podría servir de barómetro para los Oscar –Anora lo fue el año pasado–. El anuncio de las nominaciones del jueves 22 de enero lo confirma: Los pecadores acudirá a los Oscar con 16 nominaciones, el mayor número concedido a una sola película, superando el anterior récord que ostentaban conjuntamente Eva al desnudo (1950), Titanic (1997) y La La Land (2016).
Además de un innegable éxito comercial, Los pecadores confirma el estatus de Ryan Coogler como uno de los autores más influyentes de su generación. Con una carrera discreta peero ya ampliamente elogiada, el cineasta relanzó la saga Rocky con Creed antes de escribir las dos entregas de Black Panther, convertidas en todo un fenómeno cultural en todo el globo. Con Los pecadores, parece abrir nuevos caminos con un proyecto arriesgado que se antoja el más personal y ambicioso hasta la fecha.
Entre el cine de género y el drama histórico
Para su quinto largometraje, Ryan Coogler pensó a lo grande. Compuso un fresco de más de 2 horas que, a pesar de sus defectos y ciertas partes excesivamente estiradas, impresiona por su dirección y su poder evocador. La acción transcurre en el Mississippi de los años 30, al final de la Ley Seca. Un par de gemelos, antiguos gángsteres de Chicago, regresan a su pueblo natal de Luisiana con la esperanza de empezar de nuevo. Uno de sus sueños es abrir un club de blues solo para clientela negra, un lugar de emancipación y celebración, concebido como un espacio de libertad en una sociedad profundamente segregada. Pero la noche de la inauguración, tres hombres blancos intentan unirse a la fiesta, y esta no tarda en convertirse en una pesadilla. Al caer la noche, los monstruos revelan su verdadero rostro y asedian el bar hasta el amanecer. El giro vampírico, lejos de ser gratuito, funciona muy bien como metáfora de la explotación y la depredación racial. Pero queda en el aire una cuestión crucial: ¿está preparada la Academia para coronar una película tan firmemente arraigada en el cine de género?
Históricamente, los Oscar han rechazado a menudo el cine de terror y fantástico. Salvo raras excepciones –El silencio de los corderos, que ganó el premio a la mejor película en 1992, y Déjame salir, que le valió a Jordan Peele el Oscar al Mejor Guion Original en 2018–, pocas películas de terror han gozado del favor de los votantes. Sin embargo, la entusiasta acogida dispensada a La sustancia, nominada cinco veces el año pasado, podría señalar una evolución y allanar el camino a obras atrevidas como Los pecadores.
