La boda de otoño de Cris y Curro: un enlace inspirado en los colores de esta estación
Existe una belleza especial en las celebraciones de otoño difícil de encontrar en cualquier otra época del año. Y la boda en A Coruña de Cris y Curro es la mejor prueba de ello. Él granadino –aunque vivía en Madrid– y ella de A Coruña, se conocieron una tarde en la ciudad de cristal gracias a unos amigos en común. “Y desde ese día hasta hoy”, reconocen los novios.
Curro le pidió matrimonio a Cris en Asturias. “Nos fuimos a pasar el finde a una casa rural. Íbamos a esquiar. Curro compró muchas cosas que nos gustan para cenar y allí me lo pidió. Una cena íntima los dos solos. Yo no me lo esperaba para nada”, confiesa.
Decidieron celebrar su boda el pasado 25 de octubre. Tras una ceremonia religiosa en la Iglesia de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, festejaron por todo lo alto en en el Pazo de Villar de Francos, una casa solariega localizada en la parroquia de Artes, en el ayuntamiento de Carballo. “Tuvimos la suerte de que no llovió, a pesar de que daban lluvia y pudimos aprovechar los exteriores del pazo, que son una maravilla”, reconocen. “El atardecer incluso nos sorprendió con un cielo rojo y anaranjado que creemos que fue de los más bonitos del año”, zanjan.
“El concepto de la boda estuvo claramente inspirado en el lugar elegido para la celebración: un pazo gallego en otoño. El entorno, la arquitectura y la estación marcaron las decisiones estéticas, con la intención de respetar el espacio y trabajar en coherencia con él, sin forzar estilos ajenos al contexto. La decoración se planteó desde el equilibrio entre el pazo y el paisaje que lo rodea, utilizando materiales naturales y una paleta de colores propia del otoño, que reforzara la idea de una boda en el campo y en un entorno histórico gallego”, explican. Los novios apostaron por una paleta cromática otoñal, con colores variados en su gama más oscura y apagada: granates, mostazas, ocres, pero también algo de marfil y rosa para dar más luz y contraste. En las mesas combinaron diferentes flores –hortensias, rosas, proteas, amaranto… – y frutas como la granada o las uvas. “Para el atardecer, como el pazo tiene un estanque, quería rodearlo de velas para que diesen un ambiente cálido y hacer allí el baile nupcial, que daría paso al grupo en directo”, añade Cris.
