“La ceremonia en la iglesia en sí fue increíblemente poderosa y romántica. No habíamos hablado ni nos habíamos visto desde el día anterior, lo que hizo que el servicio se sintiera aún más cargado de emoción. Nos casamos en una iglesia que data del siglo XII, al lado de la casa de mi abuela. Estaba llena hasta los topes, con familiares y amigos, y completamente transformada por las flores. Nos situamos frente a un biombo medieval del coro, cubierto de flores dramáticas, salvajes y abundantes, como si la iglesia hubiera sido suavemente tomada por un jardín. Las flores caían en cascada de una manera casi pictórica, creando una atmósfera inmersiva, como si estuviéramos dentro de las propias flores. Lo que más nos conmovió fue la sensación de continuidad. Personas —incluidos mis propios padres, tías y tíos— se han casado en esa iglesia, frente a ese mismo biombo, durante cientos de años. Al estar allí, sentimos que formábamos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos”, rememora Isabella.
Tanto el biombo del altar de la iglesia, los boutonnières, el ramo y los arreglos florales de las mesas los realizó Siana Vere Nicoll, amiga de la novia. “Trabajó conmigo en la creación de diseños modernos y escultóricos utilizando flores de temporada de una sola variedad, elevados y compuestos de forma artística. Todo de temporada y de cultivo local”, explica la recién casada. También Siana fue la que realizó el ramo, elegante y escultórico de flores de temporada,
diseñado con movimiento natural y una simplicidad refinada que acompañaba a la perfección el look.
Para inmortalizar el gran día, contaron con The Richters. “Son artistas auténticos y fueron mucho más allá para entregar las fotos y el video más increíbles, capturando nuestro día de una manera preciosa. Nada se sintió forzado ni posado: todo fue natural, fluido y completamente fiel a nosotros. Me siento realmente afortunada de haberlos encontrado; entendieron nuestra vibra a la perfección y estaban tan enamorados de la casa de mi abuela como yo. Se implicaron profundamente en nuestro día, y eso se nota en cada una de las fotografías. No son fotógrafos de bodas tradicionales, y eso es exactamente lo que nos enamoró de ellos”, comenta la pareja.
Hally, hermana de la novia, fue un gran apoyo para ella. La maquilló en el gran día y también se encargó de la papelería. Para el peinado eligió a Tristan Eves, de Petworth.
Isabella llevó un vestido de Gillian Million, que combinó con una chaqueta de Talia Byre, tocado vintage de Mitzi Lorenz y unos zapatos de Roger Vivier. Completó el estilismo con pendientes y su anillo de compromiso de Vasiliki by Kiki, así como un collar y una pulsera de perlas de la madre de George.
